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Mujer hija de la Modernidad: Independiente, erotizada, sexual ¿Masculina?
Escrito por Vania Gallardo - Sicóloga
Lunes, 04 de Julio de 2011 15:22
Cuando éramos pequeñas, nos acurrucamos sobre discursos maternos que apelaban a la forma de ejercer nuestro género, así como de nuestra sexualidad; la idiosincrasia chilena, al parecer, ha señalado una mujer bien ponderada y socialmente aceptable, con valores, juicio moral y ético. Con ello no quiero suscribirme hacia la aceptación de esta naturaleza. No. Así como tampoco reprobarla, sólo me ha invadido la curiosidad de que podamos preguntarnos qué sucede con los cánones del estereotipo de mujer de la nueva Era.
La inserción de la mujer al trabajo, sobre el auge de la revolución industrial, nos dejó un espacio laboral del cual nos apropiamos justamente. La mujer dio a conocer al mundo, que podía realizar muchas más labores que criar a los hijos y encapsularse en las labores de la casa (Trabajo no menor) Eso generó una nueva apertura, aún más visionaria, no me refiero en este instante a la opinión masculina, sino a la “de la mujer”. Ellas se dotaron de aptitudes diversas y bien facultadas, se desprendieron de prejuicios y tal cual aves, emprendieron el vuelo. Lo que les concedió gran autoestima y valor a su condición genérica; independencia, mejor autoestima, poder adquisitivo y de opinión en el hogar, etc. Otra de esas consecuencias fue apoderarse de su cuerpo, de su sexualidad. Se dejó a un lado la complacencia al otro, la adulación, aprendimos a decir no, a dejar claras nuestras ideas. Nos empoderamos no sólo de nosotras, si no, de las condiciones que podíamos manejar. El revuelo surgió en los varones, ya no éramos fáciles de complacer. El insertarnos en campos de estudios profesionales; hacia las ciencias sociales y otros campos científicos, nos presagió como seres instruidos de discurso fundamentado y elocuente. El sufragio femenino nos condecoró como partícipes de una sociedad, sobre nuestra cultura y sobre las pretensiones civiles. Las condiciones sociales favorecían nuestra satisfacción personal y nuestra emancipación.
Hasta aquí, al parecer pasamos de chicas adorables a chicas de temer. Tengo la impresión de que a los hombres les seduce la competitividad, hasta cierto punto, donde el otro, es decir, ella, no pase el límite de dejarlo masculinamente desprovisto de armas. Ellos aman su condición de machos, de salvar a la chica en problemas, él ama a la chica que no tiene forma de cómo solucionar el problema del enchufe que corta de forma intermitente la luz de la casa. Él ama ser SúperMan. Pero… ¿No es acaso agotador llevar el traje de súper héroe todo el tiempo? ¡Claro! Hasta SúperMan se convierte en el tímido Clark Kent y se deja seducir por la periodista con opinión, mujer exitosa e intelectual del comic.
Ahora se devela que ellos se dejan seducir, sin que quizás ellas lo noten. No es propio dejar en manifiesto la vulnerabilidad que abre paso a lo que no puedan controlar, no es una de sus virtudes precisamente. La mujer aparentemente, siempre decidida, con carácter que sabe lo que quiere como lo quiere, que domina situaciones, conversaciones y ocasiones, dueña absoluta de su intimidad, sexualidad, de control. Ella tiene sexo; placer por placer. Eso no quiere decir que olvide al otro, al que invita a su cama, sino que conduce la escena, ella habla, fantasea y tiene claro que el placer de ella es primordial. ¿Eso asusta?
Esa mujer que se apropia de ella misma… ¿Es la que abre su paso por las calles de nuestro país? Ella quiere, ella desea, ella incita al sexo, lo busca, lo encuentra, lo hace, se para y se va, al otro día continúa con su vida y no se tortura cuestionándose que sintió, o si él volverá a llamarla, si le enviará rosas rojas a la oficina por la alucinante cópula de la otra noche. No, ella no espera nada, ya obtuvo y con eso es suficiente, punto. Sí, son mujeres que se perfilan hoy, no sólo en Chile, en el mundo. Lo veo en mi esfera social personal, en pacientes, en grupos de mujeres solteras, trabajadoras, profesionales, autónomas.
Puedo inferir de acuerdo a ello, que todos queremos ser salvados alguna vez, carece de pasión y atractivo aquella mujer siempre dotada con súper poderes y el hombre que siempre necesita proteger y jamás ser salvado.
Existe una explicación fisiológica para ello. Ambos géneros poseemos hormonas masculinas y femeninas, pero en distinta proporción; estrógenos (En más cantidad para las mujeres) y andrógenos (En mayor cantidad para los hombres), las hormonas si bien nos determinan incluyendo otras características físicas, psicológicas y culturales, permiten que tanto varones como féminas tengamos ambas visiones y que muchas veces queramos experimentar de diversas formas. Por ello, no es extraño conocer hombres sensibles, emocionales, muy románticos, o mujeres interesadas por las formas prácticas, atractivas por su fuerza en la competitividad y un tanto más frías y menos profundas. Por ello atribuyo a estos nuevos registros femeninos una parte de la nueva Era; la de explicitación de nuestros impulsos, de mostrarse y lucir atributos, a la pugna de poderes que vive el mundo, así como a la masificación de la tecnología, la televisión, etc., el internet, por ejemplo; que vuelve aún más explícito todo elemento y ángulo de la vida.
Es fundamental no calificar de una u otra manera ambos géneros, la evolución de ellos es parte de un fenómeno perteneciente a cada época, lo importante es informarse, respetar y ser consecuentes con nuestros actos. La libertad de condición “de ser” y “ejercer” nuestra sexualidad es parte primeramente; de un compromiso con uno mismo y del consenso aprobado con otro, desde ahí, al parecer, todo es posible. ¿No le parece?